EL ASESINATO DEL TIEMPO
Al entrar, Gauss observó:
- El cuerpo estaba junto al escritorio.
- El reloj de la pared marcaba las 11:05 a. m.
- El reloj del escritorio marcaba las 10:54 a. m.
- El reloj de pulsera del profesor también marcaba las
10:54 a. m.
Gauss, que siempre resolvía los casos con números, se
quedó mirando a los relojes: "¿Por qué uno de ellos estaba atrasado 11
minutos?", siguió analizando la habitación del profesor y en una de las
pizarras sobresalía la fórmula de la dilatación del tiempo de Albert Einstein:
En ese momento llegó Stephen Hawking, el famoso físico
que usaba la silla de ruedas y una computadora para hablar, con su voz
electrónica y metálica, dijo:
—Detective, esa fórmula habla del tiempo, pero aquí nadie se movió a la velocidad de la luz. Alguien manipuló los relojes, pero se olvidaron del reloj de aquella pared del fondo.
El detective siguió pensando y dijo:
—Hawking, mira este reloj que está bajo su muñeca
izquierda. Para atrasarlo, el asesino tuvo que levantarle el brazo, eso significa
que el asesino es zurdo.
Gauss revisó la lista de personas que entraron en la
oficina en la mañana y solo una persona era zurda, ella era la doctora Clara
Vega.
Cuando la interrogaron, Clara primero dijo que no
sabía nada, pero al ver que Gauss había descubierto lo de los 11 minutos y de
que ella era zurda, inmediatamente confesó
que lo había hecho:
—Yo lo hice, porque el profesor iba a publicar mi
investigación como si fuera suya y no era justo. Por eso atrasé los relojes
para que pareciera que yo no estaba allí cuando él murió.
Hawking la miró y con voz tranquila dijo: "En el
Universo, nada desaparece sin dejar rastro, ni siquiera un asesino".
Gauss cerró su cuaderno y el caso se resolvió no con
un arma, sino con matemáticas y observación.